Muy a menudo se utiliza la palabra terrorismo sólo para referirse a la violencia disidente. Al estado, que tiene (o pretende tener) el monopolio de la violencia, nunca se le aplica el término terrorista. Y eso que, no hay cosa que haga más terror que una guerra, un bombardeo de una ciudad...
¿Se ha dicho nunca que las bombas atómicas del Japón sobre población civil fueran terrorismo? Pues debía de ser una cosa bastante terrorífica. Para las víctimas, como mínimo, como las torres gemelas... Pero claro, era una guerra entre estados... De hecho, no se aplica la palabra terrorismo ni a los campos de concentración nazis, y también debía de ser terrorífico. ¿Hemos de aceptar acríticamente la aplicación de la palabra terrorismo sólo a la violencia fuera del estado? De hecho, quien usa la violencia contra el estado nunca lo denomina terrorismo, lo denomina, según el caso: guerra, guerrilla, lucha armada, etc.
Pero el estado -y los medios de comunicación que se hacen eco- utilizan la palabra terrorismo sin pensarlo (o quizás es que lo tienen muy pensado). Eso no saca que, a veces, la violencia disidente sea un aprendiz de brujo que querría tener el monopolio de la violencia. Esto es así en principio, y por ideología, en los grupos trotskistas o estalinistas, pero no para los libertarios... A la práctica, la ideología es lo de menos, puesto que el camino -pese a lo que diga Maquiavelo- acostumbra a conformar el futuro. Por esto Foucault dice que hemos de estar atentos para luchar siempre. Ahora, contra el poder. Mañana, cuando hayamos derrocado al poder, contra nuestros compañeros de lucha que, si hemos ganado, seguramente son los que querrán mandar.
Pascala
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